Mezcla de mundo
humo perpetuo de alguna realidad,
no logro inmolarme en tus senos
pero el grito de una luna de piel
suele ser a veces un cráter de blancura.
Mezcla de mundo con caderas
algún viento de ciudad me cruza como
cemento oxidado
y alcanzo la penúltima cuadra del
corazón
resistiendo a un zonda como un tajo de
mi cara
Mezcla de mundo y caderas
y la tarde no es más que gente
un asilo de almas quemadas.
El sol que no madura su luz se pudre en
el alba
preñada de un sexo otoñal que con sus
garfios alcanza a tocar el sur.
Se mezcla el mundo
y recobro la identidad de los perdidos
y una madrugada que asecha
me delata y caigo en la cárcel de los
desamparados cotidianos
y bajo el silbido del silencio atravieso los
muros,
ya soy un fantasma que anda
buscando...
pero vuelvo a las caderas ya
desterradas de mis manos
y me anuncio en las nervaduras de la
memoria .
Ya hay la mitad de una mujer planisferio
con clavículas y clítoris, electrodos e
islas, ideas y meridianos, rodillas y
llanuras, costillas y árboles
ya hay un continente de dedos y
palabras diáfanas
que se escapan con las sílabas a cuestas.
Y suelo volver al mundo ya mezclado
con la jungla en un omóplato
y la mitad de una flor entreabierta
con un poema y la risa resfriada
con una brújula desorbitada y el sur en
un puñado.
Claudio Ferreyra Barro
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