La industria audiovisual es una máquina de ficciones, ficciones que estructuran nuestra realidad; si le quitáramos a nuestra realidad las ficciones simbólicas que la regulan, perderíamos la realidad en si misma. Esta construcción de lo real a partir de la ficción es una posibilidad que genera la imagen, y en este caso particular, la imagen en movimiento permite experimentar a través de la pantalla una serie de imaginarios, de ahí que la circulación y consumo de las imágenes audiovisuales al ser abierta desmantela cualquier tipo de estatuto privilegiado. Esto significaría que el estado ideal bajo el cual encontramos las imágenes en movimiento, son susceptibles por naturaleza de ser apropiadas y transformadas en diferentes contextos de inserción; entendiendo por "contextos de inserción" formas particulares e individuales, de acercarse y significar acontecimientos visuales como constructo imaginario, social y cultural
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