Lo interesante de llevar siempre equipo de video o de foto es que se puede registrar cualquier imagen que nos llame la atención sin quedarnos con la frustración de no tener el documento. Un lunes, como cualquier otro, en esta ciudad, en el parabús de la esquina de avenida Chapultepec y Balderas, uno de los muchos indígentes que viven en la zona ni siquiera se inmuta ante el histérico ruido de los automotores, ni los pasajeros que esperan su micro. Él se quedó toda la mañana allí. Por la tarde, cuando volví a pasar, sólo quedaba su cama (un cartón semimojado, unos trapos sucios y bolas de papel periódico que servían de alnohada). Sí, me lo puedo imaginar recitando un poema de Michi Panero:
En la playa de la noche
mostraba mis ojos a las sirenas
que jugaban impunemente con mi pene
con el falo que en el lecho maloliente
deshacen los sueños y cae la piedra
del pensamiento al suelo.
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