Al anochecer del mismo día, cumplidos preces y ritos, la multitud se agita: es la ifada o Desbordamiento, camino del valle de Almozdálifa, entre Mina y Arafat, en donde los peregrinos recogen las guijas con las que lapidarán las estelas que simbolizan el Mal. Las piedrecillas o guijas con las que se arman deben ser recogidas una a una.
El décimo día de du l-hiyya es la cumbre del peregrinaje. Desde el amanecer, los fieles acampados en la planicie se arremolinan en torno a las estelas representativas del Mal con sus primeras siete guijas: éstas se arrojan acompañando cada una de ellas de un Allahu Akbar seguido de una invectiva al demonio y una loa al Altísimo. Como las otras estaciones del alhache, la ceremonia evoca la triple tentación de Satanás a Abraham durante su travesía de aquel vasto yermo.
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