Encendido de la traca que dará final a la procesión. Densa humareda, donde los asistentes no tan impertérritos al estruendo, que resuena en la inmensidad, se ven obligados a llevarse las manos a los oídos. Posteriormente tras el nombramiento en público de las personas de la cofradía que se harán cargo de cetros y estandartes, etc, en la del año próximo, habrá un piscolabis, que les resarcirá del momento en que tuvieron que hacer acopio de valor para soportar tan fuerte estruendo...
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