Actualmente la cacería con lazos, cepos y todo tipo de trampas se considera caza furtiva y está penalizada por la ley. Pero hace medio siglo era una forma común de procurarse algo de alimento para complementar la precaria dieta de todos los días. Pascual Pardo cuidaba una pequeña estación de tren cerca de la población de Ayerbe, y aquellos montes del entorno constituían su territorio de caza.
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