Un inesperado tropiezo hace volver a los fantasmas del equipo.
Nada nuevo bajo el sol. Una de cal y una de arena. Y así hasta llenar una página entera de tópicos sobre el juego de un equipo que se encuentra como un hombre mirando a una fea en una discoteca con pocas copas encima: no arranca. La sensación de quiero pero no puedo o de me falta un poquito planea cada vez con más frecuencia por los partidos del Dobra, y una directiva dormida no corta las cabezas necesarias para que el equipo pueda despegar. Y lo peor de todo es que en el último encuentro, contra un equipo claramente inferior (incluso, y es una sorpresa, también físicamente) a los locales, se dio una sensación de falta de movilidad y de garra impropia del equipo de guerreros que prometieron los dirigentes a principios de campaña. Quizá el verse en los puestos altos de la tabla, quizá una falta de talento que viene siendo tapada por los resultados, quizá la mala vida de sus estrellas, quizá la mala planificación hacen que tras un partido decente, siempre llegue una amarga derrota. Nubes negras se ciernen sobre el equipo. Las soleadas costas del ascenso se alejan. Parece que ya solo les queda remar sin rumbo
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