Finalmente, Scottie "reconstruye" -y resucita, literalmente- a Madeline de entre los muertos. Aquí nuevamente es importante tener en cuenta dos figuras fundamentales: la espiral (presente en toda la película desde los títulos) y el uso del color verde. La composición musical de Bernard Herrmann (wagneriana en todo sentido: básicamente es un conjunto de leit-motivs variados para cada secuencia en particular) alcanza aquí el pico máximo de emotividad y lirismo. De hecho, es el film más musical de Hitchcock y no sólo por su banda sonora.
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