historias que marcan nuestras vidas(esperanto)

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Uploaded by on Jan 20, 2010

Otro testimonio de la vida real

"Hace unos seis años cometimos una bajeza, o peor aún un crimen... entonces no había mucha información sobre lo que uno hacía, nos dejamos llevar por esa fantasía que tejen los doctores que es como sacarse una muela. !Oh Dios, pero qué cargo de conciencia el que tenemos desde ese entonces! Tengo tres niños y una niña, pero a veces me viene a la mente el acto que cometimos y acabo discutiendo con mi señora, porque la verdad es que uno no puede estar con la conciencia tranquila. He leído el artículo "Mamá, por favor, déjame vivir" (publicado en Escoge la Vida), ¡Cómo me impresiona este título! Siento ira y desprecio de mí mismo al verme tan ruin por haber permitido que se cometiera esa barbarie a mi hijo cuando se en el vientre de su madre. ¡Qué torpes fuimos con nuestro hijo! Que Dios nos perdone a mi señora y a mí porque nadie es dueño de la vida de uno, solamente Dios es el que puede disponer de nosotros una vez que uno ha cumplido su misión en la tierra."

(Por razones obvias no reproducimos el nombre del autor de esta carta.)

FUENTE:"Testimonio de otra víctima del aborto," Escoge la Vida (julio/agosto de 1990), suplemento "Caminos de Esperanza".

Una historia real - Gary Bell

Se palpa la tristeza en el tono de voz de Gary Bell, a medida que relata la serie de eventos que comenzó a desencadenarse una tarde de verano de 198l cuando al llegar a su casa se encontró a su esposa llorando. Grande fue su sorpresa al contarle ella que se acababa de hacer un aborto. Él ni siquiera sabía que ella había estado embarazada. Ocultando el dolor que sintió al enterarse de la muerte de su hijo no nacido, trató de consolar a su esposa. A solas después, lloró por largo rato. No hablaron más del asunto.

Gary trató de olvidarse del aborto. Su esposa comenzó a quejarse de que no la dejaba dormir porque se movía mucho por la noche. El trataba de darle poca importancia al asunto y le decía que estaba preocupado por el trabajo. En realidad lo que pasaba era que tenía pesadillas sobre el aborto. Por mucho que quería no podía olvidar.

Un año más tarde su esposa le volvió a informar que estaba embarazada otra vez. Su alegría se tornó en sufrimiento al decirle ella que iba a volver a abortar. Trató de persuadirla para que no lo hiciera. "Gary, no hay nada que tú puedas hacer para impedirlo", replicó ella. Y así fue, no pudo hacer nada para evitar que su esposa abortara otra vez.

"Es imposible describir mis sentimientos. El vacío, la depresión y el dolor a veces es inaguantable, puedo hablar de dolor y agonía, pero estas palabras no se acercan a lo que realmente siento", le dijo Bell a la audiencia que le escuchaba en la charla que pronunció durante el Octavo Congreso de Human Life International, celebrado en Miami en el mes de abril de 1990. "Con el segundo aborto me sentí más responsable porque no pude hacer nada para salvar la vida de la criatura", añadió.

Los efectos de los abortos se empezaron a notar ampliamente en la vida de Gary. No podía hacer bien su trabajo y no se podía relacionar con sus amistades, pues había perdido la capacidad para disfrutar de la vida. También su salud física se afectó, empezó a padecer de presión alta y el estrés le causó una hernia de hiato.

En 1985 la esposa de Bell volvió a concebir y esta vez él logró que no abortara. Nació un hijo que trajo consigo un nuevo mundo de esperanza. "Los lazos de unión que se crearon entre mi hijo y yo fueron profundos", dice el joven padre que había sido cantante profesional. Nunca lo dejaba solo, lo cuidaba cuando dormía, cambió de trabajo para poderlo cuidar de día, lo mecía por largas horas y le cantaba canciones que él mismo componía.

Aunque Bell y su esposa trataron de que su matrimonio siguiera adelante, las heridas y el dolor del pasado no se borraban. "Estoy seguro que la unión con mi hijo se convirtió en un constante recuerdo para mi esposa de lo que ella había hecho", dice Gary. Ella pidió divorciarse, y después de un largo litigio, el Sr. Bell perdió la custodia de su hijo. "Esto me ha sido muy difícil de aceptar", dice. "Los abortos me costaron mi matrimonio, la vida de mis dos hijos por nacer, y la custodia de mi hijo".

Después de pasar más de seis años tratando de olvidar y de ocultar el dolor de los abortos, Gary decidió buscar ayuda. Como no había ningún grupo para hombres, Gary se unió a un grupo de sanación de mujeres que sufren el trauma postaborto. Explica que esto le ayudó a comprender que las mujeres que han abortado son víctimas igual que él. Le ayudó a comprender ciertas actitudes de su esposa, a quien no le guarda rencor. Su participación también ayudó a las mujeres a comprender cómo se sentían sus esposos.

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