Salimos una mañana con la idea de disfrutar de un espacio tan bonito como son los acantilados del paraje natural de la breña. Pero finalmente nuestro disfrute nada iba a tener que ver con ello. Teniamos marejada suave que fue incrementandose hasta tal punto en que no nos veiamos ni entre nosotros. Un viaje que merece la pena compatir y no olvidar.
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