El Santuario de Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca ha sido a lo largo de los siglos lugar de culto para pueblos y civilizaciones. Desde el primigeneo templo de Diana para los romanos, pasando por la basílica paleocristina a Sede Episcopal de los visigodos, ha llegado hasta nosotros como un magnífico legado arqueológico y arquitectónico.
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