Chavín representa el inicio de una actividad muy propia de los Andes, que aun dura hasta nuestros días, consistente en disponer de uno o dos centros ceremoniales de mucho prestigio, a los que las gentes de un extenso territorio acuden cíclicamente para rendir culto, a la par que intercambian informaciones y bienes entre comunidades alejadas, restablecen sus contactos y resuelven sus conflictos. Cuando llegaron los españoles eso ocurría en Pachacamac, en Lima, en Raqchi, en el Cusco, en Copacabana en el lago Titicaca. Chavín, para entonces, era ya parte del mito o la leyenda. Un gran enigma son los innumerables acueductos y caídas de agua que existían en el lugar, creando mediante un sistema de compuertas, un efecto acústico que se asemejaba al rugido de un jaguar gigante. Probablemente se trataba de un mecanismo de generación acústica, con la finalidad de inducir diferentes estados de la mente, a su vez estimulados con la ingestión de derivados de plantas alucinogenas como el mecanismo mas eficiente de control de masas en estado de permanente paz.
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