Aún se puede oír
el eco de tu voz
diciendo adiós.
Restos de tu amor
impregnan la pared,
el colchón.
Me dejo llevar,
ahogo mi dolor
en tu calor.
Sed de ti.
Otro amanecer
de sueños de cristal
que quiebran,
me paro a sentir
las calles de Madrid
rozándome.
Me arrastra la ciudad
a noches sin pudor
quemándonos.
Me cubro con tu piel,
no quiero ver el sol
gastándote.
Soy fragilidad
que se funde en el mar
de tu ausencia.
Sed de ti.
Sed de ti.
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