El dedo acusador de los protestantes siempre apunta hacia la iglesia católica por las persecuciones de que fueron objeto, pero guarda siempre silencio a la hora de aceptar que los protestantes tienen el alma tan negra y tan equivocada como su fundador Lutero, al que algunos lo tienen como icono de libertad religiosa, cuando en realidad no fue nada más que un furibundo judeófobo y un anticatólico empedernido. Sus arengas, proclamas y llamadas a la destrucción de las comunidades judías por toda Europa fueron perfectamente puestas en práctica por sus seguidores y en el nombre de jesus, más que un "dulce" nombre como ellos dicen, un nombre cuyos apellidos llevan la marca de los asesinos que matan por yeshu.
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