La Universidad Nacional del Comahue, está en una crisis que pareciera no llegar a su punto culmine. Un puñado de decanos se aprovecha de esta situación para imponer sus políticas, manejar el presupuesto, las designaciones docentes. Las agrupaciones estudiantiles están en un largo letargo, adictas al poder antidemocrático. Sólo algunas agrupaciones independientes presentan batalla ante esta universidad que enferma de una normalidad destructiva, que la divorcia irremediablemente de la sociedad y la convierte en un barco sin rumbo, anclado a la espera de la catástrofe. La banda sigue tocando.
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