Un lindo día otoñal del 2010, me regaló una de mis esperados atardeceres mientras iba acompañada de mi entrañable amiga Martha.
Despertaron mis sentidos con más intensidad que al principio del recorrido.
Tras recoger uno hijos del campo, y una caminata de puede cuatro horas o cinco, se posó una nube negra en los últimos kilómetros del río Llobregat previo a su desembocadura al mar.
Los campos emitían un sonido suave que se asemejaba al oreado de semilla pequeñas y ligeras contrastadas con el viento impetuoso que soplaba empujando las nueves, hasta llegar a ocultar la aparente frágil luna creciente que en por un lado del cielo aún de celeste claro y aparentemente despajado, se dejaba ver.
Estos momentos son los que relajan, los que recuerdan que la vida es movimiento, son sentimientos a flor de piel plenamente estimulados acompañados en buena parte del recorrido previo por interesantes conversaciones.
Este atardecer fue el inicio del éxtasis que mi ser esperaba para recomenzar un nuevo ciclo de sobrevivencia.
Isabel Gómez
Gracias,
psicoisapecat 5 months ago