1/2 Irene Villa, la mayor discapacidad no es llevar una prótesis sino el odio y el rencor

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Uploaded by on Jul 14, 2011

VIDA PROFESIONAL

Mi vida ha sido siempre una aventura. Una lucha continua llena de obstáculos pero también de recompensas. Siempre busco nuevos retos. Porque nunca pierdo la pasión, y eso es lo que me ha hecho llegar hasta donde me he propuesto.

Estudié Comunicación Audiovisual y realicé varios cursos de radio, documentación y cine. He escrito varios guiones de películas, pero aún no llegó el momento de hacer realidad la película que tengo en mente.

Después estudié Humanidades y Psicología. Disfruto colaborando con ONGs de ayuda a los más necesitados y defendiendo a quienes ven su dignidad pisoteada o sufren la falta de libertad.

He vivido en varios países (Inglaterra, Argentina, México...) pero en el que sentí que volví a nacer es Suecia. Allí me sometí a un proceso llamado OSEOINTEGRACIÓN que consistió en introducir un tornillo de titanio en mi fémur que sirviera de anclaje a mi prótesis. Es maravilloso porque ¡ahora puedo estar con mis prótesis todo el día!




Estuve dos años haciendo entrevistas para revistas como Hola y Telva.

No hay luz sin oscuridad y tinieblas




La mayor discapacidad no es llevar una prótesis sino el odio y el rencor


El 17 de octubre de 1991 estallaba un coche bomba en la calle Camarena de Madrid. Irene, una niña de doce años, que viajaba con su madre, perdió las piernas y tres dedos de la mano. A las puertas de cumplirse los 20 años de aquel ataque terrorista, Irene Villa (Madrid, 1978) acaba de publicar el libro "Saber que se puede: 20 años después".




Consciente de esta situación, Irene no quiere esconderse en el día más especial de su vida. «Se lo debo a España, en un momento crítico, me hicieron mucho bien», comenta. «Igual que la gente me vio medio muerta en la carretera, me tiene que ver saliendo de la Iglesia de blanco y feliz, porque parte de esa ilusión la tengo gracias a todas las personas que me ayudaron y me apoyaron». Irene Villa encandila. Contagia energía y entusiasmo y, por eso, resulta difícil creerla cuando asegura que «casi todo en la vida me ha venido de sorpresa, han sido regalos del cielo», como si no fuese merecedora del cariño que recibe. Recuerda emocionada cómo Juan Pablo Lauro le pidió matrimonio. «Fue hace año y medio, todos lo sabían porque él se lo había dicho antes a mis padres y a mis abuelos».

El argentino, desde luego, es de los que cuida los detalles. Eligió un escenario inigualable para la pedida: una playa en Mar del Plata, en el Cabo Corrientes, la noche como aliada, una inmensa luna llena como testigo y los fuegos artificiales de la Navidad poniendo la banda sonora al momento. «Juan Pablo se arrodilló ante mí y me emocioné tanto que no podía articular palabra», explica Irene. «Tardé tanto en hablar que el pobre me dijo ''¡pero di algo!'' y entonces le contesté que ¡sí!», relata. Para recordar ese día lleva ahora la alianza de boda en su mano derecha. «En Argentina tienen la costumbre de dar el anillo antes, cuando estás prometida se pone en una mano y cuando te casas se cambia a la otra», explica la joven.

El valor de la educación
Para Irene y Juan Pablo, tal y como escribió Antoine de Saint-Exupery en «El principito», amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección. Por eso, la pareja ya está pensando en ampliar la familia. «Nos gustaría tener, como mínimo, dos hijos. Y de ahí en adelante los que vengan. Educarlos con nuestros valores y que les encante el deporte, como a sus padres. Que crezcan fuertes emocionalmente y sanos», confiesa antes de pasar por el altar.

El perfil. Lauro, ex tenista y empresario
Juan Pablo Lauro ha sido el único hombre capaz de hacer pasar a Irene Villa por la vicaría. Ex tenista argentino, en la actualidad se dedica a la comercialización de pescado al frente del negocio familiar. La pareja se conoció en 2009, en un acto de la Fundación También y tiempo después volvieron a coincidir en un encuentro de la Fundación Conecta. «Ahí conectamos», bromea Irene y aclara que «para Juan Pablo fue un flechazo, pero yo me fui enamorando con el tiempo». Irene, de 32 años, explica que, aunque el empresario es cuatro años más joven, «no se nota la diferencia de edad. A veces le digo que parece mi padre», comenta. Son dos jóvenes entusiastas con valores comunes, pero también hay pequeñas diferencias entre ellos. «A él no le gusta mucho salir y yo soy más alocada, me gusta más el cachondeo», confiesa. La luna de miel será en Asturias y estarán acompañados de toda la familia. Eso sí, luego tendrán una semana para los dos solos.

http://www.irenevilla.org/noticia-detalle/159/la-mayor-discapacidad-no-es-lle...

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  • estos son los videos que devemos ver , que le demos importancia a los buenos deceos y cosas bellas , no a lo malo de la vida , gracias por enseñarnos algo ..

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