Cuán cierta es la premisa acerca de la necedad como rectora de la vida de los hombres, pues sin ella es imposible la felicidad. Del cruel asesinato a la necedad de los monarcas, de la economía salvaje y depredadora a la transubstanciación de las almas, de las vanas promesas de los políticos al carácter sacrificial de muchos aspectos de la vida. Todo conduce a la loa de la estulticia. Los sabios son tristes y desgraciados quejosos en la desventura de no ser atendidos por la sociedad que los pretere, mientras que los necios e ignorantes son felices y afortunados y llegan a gozar de las mieles de la cima en la escala social. Ya lo describía cabalmente Baltasar Gracián en su Criticón, como trasunto de las acertadas observaciones de Erasmo de Rotterdam, ese pilar básico de la arquitectura intelectual moderna que fue la Reforma contra la superchería corrupta e irracional del medievalismo y la ancestralidad montaraz de la Iglesia católica. En la sociedad los sabios son pocos, hasta excepción a la regla general, abundando los estúpidos e ignorantes, luego el estado natural del hombre es el estulto. "Stultorum infinitus et numnerus" proclamó el Eclesiastés. "Stultorum plena sunt omnia" dijo Cicerón. El propio Erasmo era de consejo que viviéramos un poco más y que supiéramos un poco menos. Más cultura vital, al calor de la experiencia práctica. Menos cultura libresca o de gabinete. Porque no hay error sin autor ni necedad sin padrino.
@brunocare Que exagerado. En realidad el mejor premio es la tranquilidad con uno mismo.
SirPetterLily 4 months ago