Nuestro robot partía como la cenicienta del grupo y el título se antojaba para uno de los dos robots del vídeo. Paradójicamente, el robot más tonto y más armatoste -el nuestro-, ganó a los que estaban mejor preparados y tenían una programación más compleja. La pregunta es, ¿tenemos que aprender de esta lección? Esperemos que no.
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