Igual que el aire para la vida biológica, es el Espíritu Santo para la vida espiritual; e igual que existe una contaminación atmosférica que envenena el ambiente y los seres vivos, igual existe una contaminación del corazón y del espíritu que mortifica y envenena la existencia espiritual. Es la reflexión de Benedicto XVI el domingo de Pentecostés. Durante la Santa Misa celebrada en la Basílica Vaticana, el Papa ha puesto en guardia contra aquellos productos contaminantes que corrompen la mente y el corazón humano, sobre todo de las nuevas generaciones: especialmente todo lo que transforma en espectáculo el placer, y aún más, la violencia o el desprecio por el hombre y la mujer. Dos han sido ...
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