Por fín, después de demasiados años sufriendo la intemperie del crudo clima de Aliste, el carro de Mateos ha sido puesto bajo cubierta, no sin antes perder por el camino una rueda. Ha sido un trabajo duro cargar con él a pulso, apoyado en una sola rueda y gracias al esfuerzo de unos cuantos locos que creen que las cosas pueden ser de otro modo.
Ahora queda por delante otra ardua tarea de recuperación. Del carro y de muchas otras cosas que mueren en el olvido debido, sobre todo, a la desidia.
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