Y, espoleado por la rabia, Garric sacó fuerzas y tensó su espalda y dio tal sacudida que consiguió cambiar la situación, y Falcó fue quien quedó debajo de su cuerpo, y él quien lo sujetaba por las muñecas, y teniéndolo así a su merced Garric Bordiol se inclinó sobre su rostro. Falcó, de alguna manera sorprendido por la proximidad del rostro de Garric y cautivo por la intensidad de su mirada, dejó de resistirse, y entonces Garric Bordiol se acercó más todavía, y lo besó en los labios, y no fue un beso rápido, ni feroz, ni mucho menos casual, sino profundo, sensual y lánguido, y se prolongó mucho más de lo que cabía esperar.
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