En la noche del fuego he querido recoger los últimos rayos de sol de uno de los días más largos del año. Acompañado con una nostálgica canción de piano compuesta M. Foyle.
Las tonalidades me hacen reflexionar, por un lado está ese cielo glacial que nos recuerda lo pequeños que somos, por otro aparece ese naranja fuego que nos impide olvidar el calor que nos permitirá vivir mañana...el calor que mantendra a la madre tierra caliente evitando que se convierta en una inmensa roca sin nada más que grados bajo cero.
...algunos árboles nunca se cansan de presenciar ocasos y uno valora si se habrán colocado estratégicamente para presenciarlos cada tarde durante décadas, quizás las almas de las grandes personas escojan estos tranquilos seres vivos para disfrutar de está astral maravilla toda la eternidad.
Allí al fondo aparece Venus, que persigue al sol en su partida, actuando de espejo, intentando aparentar que tiene luz propia, ya que la pobre no tiene habitantes a los que impresionar. Una roca lejana y sulfúrica que estando a la vista, es inalcazable...
Al otro lado, en la parte inferior se vislumbran luces artificiales, alguna aldea o cruce de caminos con su perro guardian y sus capitanas se prepara para acostarse...
La naturaleza nos sigue regalando experiencias mágicas...a pesar de cómo nos estamos comportando todos con ella.
Gracias.
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