Queridos hermanos y hermanas, en este segundo domingo del tiempo ordinario, la liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre el tema de la vocación. Tema este que muchas veces no es bien entendido.
Muchos de nosotros, cuando escuchamos la palabra vocación, pensamos ya en los sacerdotes, las monjas y nos olvidamos que el Concilio Vaticano II nos habla de la vocación universal a la santidad. Toda la humanidad es llamada a la santidad.
Otro problema es que pensamos que la vocación es solamente una llamada. Claro que es una llamada, pero no se queda solo en la llamada. Para que sea verdaderamente una vocación, debemos tener un encuentro con Cristo y después, seguirlo.
No tengamos de dejarnos encontrar por Dios y seguir sus pasos, porque Él tiene un proyecto de felicidad para nosotros. Bendiciones.
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