"Del martirio de Santa Felicia y la penitencia de San Guillén" da cuerpo literario a una leyenda secular del siglo XIV sobre los hijos de los Duques de Aquitania. Tras recorrer el Camino de Santiago y sentir la vocación religiosa, la princesa Felicia decidió abandonar las comodidades de la corte y esconder su rango en el Señorío navarro de Amocáin (Valle de Egués), donde su hermano Guillermo le descubrió y dio muerte, ante la negativa a asumir las responsabilidades de su estirpe
La tumba de Santa Felicia quedó fijada en el pueblecito navarro de Labiano (Valle de Aranguren), mientras que su hermano Guillén alcanzó igualmente la santidad tras peregrinar a Compostela y llorar su crimen durante el resto de su vida en la ermita de Arnotegui, próxima a Obanos, donde consoló a los peregrinos del Camino de Santiago y socorrió a los pobres, y donde aún hoy se veneran sus restos.
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