13 de abril de 2011 22:57 (PDT)
Por:
Homer Dávila G.
Esperando que el tiempo llegara,
pasé una vida esperándote.
La señal nunca vino;
y sin embargo yo seguí anelándote.
Mientras el viento, el calor y el frío azotaban,
y la mente me agobiaban,
con el pasar del tiempo
logré comprender que
Fue el silencio quien me demostró tu amor,
pues no hay amor en el ruido
sino ruidos en el desamor.
Esperarte aunque tiempo perdido fue,
jamás se pierde lo que nunca se ha tenido.
Y si tu amor nunca mio fue,
caer en el morro de la estupidez.
A cuantos años han pasado,
y las canas han brotado,
haciendo que desaparezca tu huella
de niña ingrata, que con ojos de embustera
dieron fin a la fiesta eterna.
Imaginar el fin de la agonía ya lo suponía,
mandarte al olvido ya era la luz de mis días.
Gracias a ti, dulce enana, que con ese acento
desenfundas el arma, y doblegas rodillas
nunca antes incadas.
El olvido y el tiempo se vuelven a juntar,
como yunta empujando el arado,
así con tu tiempo siembras el sueño
de quien ve en el silencio la esperanza y su dueño.
Martes 8 de febrero de 2011.
En un principio fuiste grande, cual monumento de la Iliada.
Al fin y al cabo, eras tas solo una enana.
Link to this comment:
All Comments (0)