Los fusilamientos
Hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando.
En varias oportunidades el Che venía, sutilmente. Se subía a aquel muro. No era difícil subirlo porque tenía una escalera. Se acostaba boca arriba allí a fumar un habano y a ver los fusilamientos. Eso se comentaba en toda la soldadesca de La Cabaña. Los soldados míos me decían: Cuando estábamos en el pelotón de fusilamiento, veíamos al Che fumándose un tabaco arriba en el muro. Les daba fuerza a los que iban a disparar. Para aquellos soldados que nunca antes habían visto al Che, era una cosa importante. Les daba mucho valor.
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