Tal como las moscas se apartan del agua que hierve, pero caen en el agua tibia y le engendran gusanos,... así los demonios huyen de un alma abrasada por el amor, pero si se arrojan en un alma tibia engendran podredumbre de pasiones y vicios..."No, no se puede amar con tibieza aun Dios que nos ama con tanto ardor", exclamó un día el alma fervorosa de San Alfonso María de Ligorio...
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