En el río Sucio solían pescarse cuatro ojos, un peculiar pez que saca sus ojos por encima de la superficie del agua para divisar comida flotante.
Hacia 1689, un religioso español, fray Francisco de Zuazua, describía que el río era caudaloso pero turbio, "de malas aguas por venir de esteros y pantanos"
La referencia más antigua con su nueva denominación data de 1770. Ese año, otro religioso, un arzobispo llamado Pedro Cortés y Larraz, escribió: "El río Sucio es sobrado caudaloso y a veces tampoco puede cruzarse en canoa".
Pero en las orillas del río Sucio aún hay vestigios de esa época, la colonial. Cuando la corriente de agua color achocolatado se acerca a la ciudad de Quezaltepeque se logra divisar, además de cañaverales, los muros de una antigua fragua dominica. Esta yace semienterrada por la erupción de 1658.
Por su ubicación, cabe suponer que los religiosos dominicos también utilizaron el agua del río para trabajar el hierro; Un impresionante arco de calicanto que aún se eleva a más de 25 metros sobre el río, pero que se mantiene oculto debajo de un puente más moderno que conecta a los poblados de Quezaltepeque y San Matías.
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