Hace diez años que Lola, fisioterapeuta, empezó a colaborar en una asociación cacereña que recurría a los caballos buscando efectos terapéuticos. Mientras, Concha compaginaba su afición ecuestre con los estudios de educadora especial. Cuando ambas se encontraron en Villafranca de los Barros se dieron cuenta que de la suma de naturaleza, animales y niños con discapacidad- surgía su proyecto vital: las terapias ecuestres. Fue así como consolidaron la Asociación de Zooterapia de Extremadura.
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