La teniente de policía Phoebe MacNamara (Emilie de Ravin) descubrió su vocación a una edad temprana cuando un hombre desquiciado irrumpió en
la casa de sus padres, atrapando y aterrorizándolos durante horas. Ahora es la negociadora superior de rehenes de Savannah, desactivando situaciones
volátiles con un don para saber cuándo ceder y cuándo entrar en acción. Es un trabajo satisfactorio y, en ocasiones, esas habilidades resultan útiles
en casa cuando trata con su madre Essie (Cybill Shepherd), que sufre de agorafobia, todavía traumatizada por aquel asalto después de tantos años,
y con Carly, su pequeña hija.
Es justamente esa embriagadora combinación de acerado coraje y sensibilidad lo que atrae a Duncan Swift (Ivan Sergei) en un principio. Después de
observar como convence a uno de sus empleados para que se baje de la cornisa, se propone hacer que esta mujer fascinante y responsable siga en su vida.
Ella está acostumbrada a trabajar sola, pero Phoebe descubre que no hay negociación posible que pueda mantener a Duncan a distancia.
Y cuando un hombre la agarra, le tapa la cabeza con una capucha y la asalta brutalmente en su propio trabajo, Phoebe no puede evitar sentirse
profundamente conmocionada. Más tarde comienzan a aparecer mensajes amenazantes en su puerta, lo que hace que se sienta tan alarmada como
frustrada. ¿Cómo enfrentarse a un oponente que se niega a mirarte a los ojos?
Con el apoyo constante de Duncan, deberá establecer contacto con el torturador sin rostro que está empeñado en hacerle presa del miedo... antes de
convertirse en su última víctima.
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