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FAUSTO VONBONEK Sobrevivientes

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Uploaded by on Oct 16, 2010

SOBREVIVIENTES


Del altar de la niebla ha asomado la hiel del Atila,
hubo un tiempo en que el tiempo fue un río,
un bosque de leche a la luz de la lluvia,
un pergamino de niebla con todos los días contemplados.
Después el presente encalló en esa flor que devora los sueños,
llegamos vestidos de negro al santuario del hielo.
Cada rostro fue entonces refugio,
como si el cráneo encarnara un escape al recuerdo,
un día una mirada,
una ilusión cinco siglos,
un solo paso la fe de quien salta a la vida desde un cuerpo muerto.
El trueno volvía del letargo,
nieve, muerte, momias, ecos de sangre, un parpadeo entre la
córnea de luna y los párpados negros.
Los nombres de Dios ya no importan,
millones de estrellas tiritan la misma palabra.
Silencio.
Ha pasado una gota de sangre entre dos gotas blancas,
bajo la nieve un latido fantasma ha matado de miedo la
sangre del frío.
Tuvimos el tiempo como un corazón que olvidó derretir el
glaciar del silencio.
Qué plegaria, qué sacrificio podría maldecir la avalancha de
espinas y darnos del témpano inmundo una llama bendita que
apague el infierno.
De la niebla nacían los vampiros,
del murmullo las únicas cruces,
al despertar de los muertos las vivas miradas veían la
guadaña arrastrando las almas por campos sin flores.
Tercamente la fe sentenciaba el amor a un camino escarlata,
tal vez, bajo efecto del llanto la luna escapaba del pozo dejándonos ver las
ahogadas memorias.
Los ocasos, la aurora, la nieve, la noche, los remos del viento,
todo era una misma visión revolviendo las aguas del pecho intranquilo.
Qué irónica muerte hace ramos de flores con almas humanas aún plenas de rosas.
Desde el silencio una nota se incrusta en la herida del grito,
tanto perfume no puede morir sin gotear su pasión en un tibio refugio.
Alguien ha escrito en la nieve epitafios sin nombre,
alguien debe escalar las montañas oscuras,
alguien pena este grito invisible.
Hay tanta nieve que no es suficiente para este vacío.
Nadie sepulta un recuerdo en la misma canción que le llora al olvido.
Cuando mueren las hadas,
cuando muere en la nieve la azul bailarina,
cuando ya haya sellado la cripta sus lajas,
Ay nada entonces evita que el labio amoroso sucumba ante el peso del
cielo.
Qué golpe de luz rompería esta penumbra,
la esperanza acaricia el anillo en la mano que toca estas ruinas.
La oruga estremece su noche,
una libélula ha roto la piel que custodia la sangre,
crece una pluma en las alas ya exiguas,
corre una nota en el viento,
clava la abeja en el sol su aguijón mercenario.
Y estamos a salvo, mi amor,
las libélulas barren la muerte que ha sido saciada.

Fausto Vonbonek

Category:

Entertainment

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