Esta policía con toga, al servicio del régimen monárquico corrupto español, se reúne con su jefe Cándido Conde Pumpido (alabado sea el Señor) en la sede de un banco (Cajasol). Aunque teóricamente los fiscales españoles dicen defender la legalidad y los derechos de los ciudadanos, en la práctica no son más que simples policías togados al servicio del poder político de turno. Prueba de ello es que jamás se identifican con su mombre en las actuaciones, mantienen una férrea estructura jerárquica interna, a modo de una dictadura absoluta, cuya cúspide es el fiscal general del reino y siempre actúan defendiendo al poder, por muy corrupto que éste sea. Sólo cuando la mangancia es muy evidente, o cuando interesa al poder político de turno, actúan. Algo que no vemos en democracias más maduras como los Estados Unidos, donde los fiscales son verdaderamente independientes de los políticos. En España son simples funcionarios aburridos (como podemos ver en las imágenes), que carecen de legitimación democrática, ya que los ciudadanos no intervienen para nada en su elección.
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