Salir de casa y meter la pata en medio del aguanieve, era salir con mala pata, peor que meter el pie en el río. Además de estar fría, te calabas en un instante, tomando en cuenta la clase de calzado que usábamos cuando íbamos a la escuela, a la iglesia, o únicamente a hacer algún recado. Y nos convenía no decir nada y aguantar. Si había alguna oportunidad entrábamos en otra casa y poníamos los calcetines bien cerca de la lumbre, hasta que olían a chamusquina y los retirábamos a toda prisa para poder llegar a casa lo más secos posible.
Este percance también solía acontecer cuando íbamos a la fiesta de algún pueblo cercano, y regresábamos a las tantas de la mañana, caminando, de noche, cruzando valles en cuyas praderas con nieve, el aguanieve aparecía sin previo aviso, a veces hasta disimulado bajo unos cuantos copos de nieve que acababan de caer. Menos mal que con el calor de la caminata se disimulaba un poco el frío y la humedad.
El aguanieve ha acompañado a los pernianos desde siempre y su presencia ha dejado en ellos una huella imborrable. Nunca han necesitado definiarla, sencillamente la vivían.
Jolines, da gusto ver este video ahora que tenemos tanto calor.
chenteychope 7 months ago