Negros del continente, al Nuevo Mundo
Habéis dado la sal que le faltaba :
Sin negros no respiran los tambores
Y sin negros no suenan las guitarras.
Inmóvil era nuestra verde América
Hasta que se movió como una palma
Cuando nació de una pareja negra
El baile de la sangre y de la gracia.
Y luego de sufrir tantas miserias
Y de cortar hasta morir la caña
Y de cuidar los cerdos en el bosque
Y de cargar las piedras más pesadas
Y de lavar pirámides de ropa
Y de subir cargados las escalas
Y de parir sin nadie en el camino
Y no tener ni plato ni cuchara
Y de cobrar más palos que salario
Y de sufrir la venta de la hermana
Y de moler harina todo un siglo
Y de comer un día a la semana
Y de correr como un caballo siempre
Repartiendo cajones de alpargatas,
Manejando la escoba y el serrucho,
Y cavando caminos y montañas,
Acostarse cansados con la muerte,
Y vivir otra vez cada mañana
Cantando como nadie cantaría,
Bailando con el cuerpo y con el alma.
Corazón mío, para decir esto
Se me parte la vida y la palabra
Y no puedo seguir porque prefiero
Irme con las palmeras africanas
Madrinas de la música terrestre
Que ahora me incita desde la ventana :
Y me voy a bailar por los caminos
Con mis hermanos negros de La Habana.
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