Imposible olvidar esos días en la costa meridional rionegrina... hermosas playas, agua calida, lugares inhóspitos, caminatas interminables hacia la nada, un día con un viento patagónico terrible jaja; cangrejos y lobos marinos dueños de su hábitat, y sobre todo mis tres días de introspección existencial en ese lugar extraordinario, caminando solo por la playa...
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