En un Toledo del futuro, frío y lúgubre, Lorca camina por su particular noche de purificación, enfrentado a sus miedos más profundos. Y al doblar una esquina aparece en un paisaje más cálido, en un barrio andaluz, en la frescura y la inocencia de un patio de la infancia. Mientras el poeta se quita el abrigo y se pone cómodo, dos chulazos muy guapos lo invitan a dar un paseíllo. Y cuando Federico, como en el 36, pregunta que a dónde lo llevan, esta vez uno de ellos contesta: "Con gente que te quiere".
La película es "Buñuel y la mesa del rey Salomón", un capricho de Saura que partía de una idea muy afortunada: convertir en personajes a tres grandes celebridades de las artes y hacerlos vivir juntos una aventura de ficción. El resultado es irregular, pero sólo por estos pocos minutos de justicia histórica, flamenca y poética ya merece la pena. Hay más emoción en esta secuencia que en todas las bobinas de "La luz prodigiosa", de Miguel Hermoso.
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