Explora la frontera entre el dibujo y la pintura con un trazo insinuante y una pincelada casi ausente ya que, en muchas ocasiones, ésta se sustituye por la impresión. El artista pinta breves poemas gráficos, que son requiebros al modo de greguerías. Con ellos expresa una idea de lo que es el devenir de la vida. Mediante la repetición de símbolos, también alude al eterno retorno, en ese acontecer vital. La potencia indiscutible de su trazo, refleja la voluntad de poder, el arte como tarea propia de la vida, la búsqueda de una respuesta del ser, también a través de desencuentros entre objetos y personajes, provocando esa cualidad embriagadora, definiendo su propio estilo, huyendo de la verdad estanca.
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