Martin Fierro Cap 3 Tuve en mi pago en un tiempo

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Uploaded by on Jul 6, 2009

Tuve en mi pago en un tiempo
hijos, hacienda y mujer,
pero empecé a padecer,
me echaron a la frontera,
¡y qué iba a hallar al volver!
Tan sólo hallé la tapera.


Sosegao vivía en mi rancho
como el pájaro en su nido,
allí mis hijos queridos
iban creciendo a mi lao
sólo queda al desgraciao
lamentar el bien perdido.


Mi gala en las pulperías
era, en habiendo más gente,
ponerme medio caliente,
pues cuando puntiao me encuentro
me salen coplas de adentro
como agua de la virtiente.


Cantando estaba una vez
en una gran diversión,
y aprovecho la ocasión
como quiso el juez de paz
se presentó, y ahi nomás
hizo arriada en montón.


Juyeron los más matreros
y lograron escapar:
yo no quise disparar,
soy manso y no había porqué,
muy tranquilo me quedé
y ansí me dejé agarrar


Allí un gringo con un órgano
y una mona que bailaba,
haciéndonos rair estaba,
cuanto le tocó el arreo,
¡tan grande el gringo y tan feo,
lo viera cómo lloraba!.


Formaron un contingente
con los que del baile arriaron,
con otros nos mesturaron,
que habían agarrao también,
las cosas que aquí se ven
ni los diablos las pensaron.


Al mandarnos nos hicieron
más promesas que a un altar,
el juez nos jue a proclamar
y nos dijo muchas veces:
muchachos, a los seis meses
los van a ir a relevar.


Yo llevé un moro de número
¡sobresaliente el matucho!
Con él gané en ayacucho
más plata que agua bendita:
siempre el gaucho necesita
un pingo pa fiarle un pucho.


Ansí en mi moro, escarciando,
enderecé a la frontera.
¡Aparcero si usté viera
lo que se llama cantón!
Ni envidia tengo al ratón
en aquella ratonera.


En la lista de la tarde
el jefe nos cantó el punto
diciendo: "Quinientos juntos
llevará el que se resierte;
lo haremos pitar del juerte,
mas bien dese por dijunto".


A naides le dieron armas,
pues toditas las que había
el coronel las tenía,
sigún dijo esa ocasión,
pa repartirlas el día
en que hubiera una invasión.


Al principio nos dejaron
de haraganes criando sebo,
pero después no me atrevo
a decir lo que pasaba
¡barajo! Si nos trataban
como se trata a malevos.


Yo primero sembré trigo
y después hice un corral,
corté adobe pa un tapial,
hice un quincho, corté paja...
¡la pucha que se trabaja
sin que le larguen un rial!.


Más de un año nos tuvieron
en esos trabajos duros;
y los indios, le asiguro
dentraban cuando querían:
como no los perseguían,
siempre andaban sin apuro.


A veces decía al volver
del campo la descubierta
que estuviéramos alerta,
que andaba adentro la indiada,
porque había una rastrillada
o estaba una yegua muerta.


Daban entonces las armas
pa defender los cantones,
que eran lanzas y latones
con ataduras de tiento...
las de juego no las cuento
porque no había municiones.


Una vez entre otras muchas,
tanto salir al botón,
nos pegaron un malón
los indios y una lanciada,
que la gente acobardada
quedó dende esa ocasión.


Habían estao escondidos
aguaitando atrás de un cerro...
¡lo viera a su amigo Fierro
aflojar como un blandito!
salieron como maíz frito
en cuanto sonó un cencerro.


¡Qué vocerío! ¡qué barullo!
¡qué apurar esa carrera!
la indiada todita entera
dando alaridos cargó,
¡jue pucha!... Y ya nos sacó
como yeguada matrera.


Y pa mejor de la fiesta
en esa aflición tan suma,
vino un indio echando espuma,
y con la lanza en la mano,
gritando: "acabáu cristiano,
metau el lanza hasta el pluma".


Si me atribulo o me encojo,
siguro que no me escapo:
siempre he sido medio guapo,
pero en aquella ocasión
me hacía buya el corazón
como la garganta al sapo.


Dios le perdone al salvaje
las ganas que me tenía...
desaté las tres marías
y lo engatusé a cabriolas...
¡pucha...! Si no traigo bolas
me achura el indio ese día.


Era el hijo de un cacique,
sigún yo lo averigüé;
la verdá del caso jue
que me tuvo apuradazo,
hasta que por fin de un bolazo
del caballo lo bajé.


Ahi no más me tiré al suelo
y lo pisé en las paletas;
empezó a hacer morisquetas
y a mezquinar la garganta...
pero yo hice la obra santa
de hacerlo estirar la jeta.


Allí quedó de mojón
y en su caballo salté;
de la indiada disparé,
pues si me alcanza me mata,
y al fin me les escapé,
con el hilo de una pata.

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  • Groso muy bueno. (Y)

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