Tras haber perdido su hogar a manos de ETA, Emilio Gutierrez descarga su rabia en una Herriko Taberna, propiedad de la banda terrorista ETA. Dicen que eso es tomarse la justicia por su mano, pero está muy lejos de que unos cuantos cristales rotos equivalgan a todos los muertos y el terror sembrado por los terroristas.
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