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Orar Por El Poder Del Dios Vivo!!! Paul Washer.wmv

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Uploaded by on Dec 11, 2011

ORACION HALLADA EN EL CORAZON.
Charles Spurgeon.
«Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de Ti esta súplica» (2º Sam. 7:27).
¡Cuán a menudo Dios hace para sus siervos lo que ellos desean hacer para El. David deseó edificar casa al Señor y el Señor le edificó casa!
I. ¿CÓMO LLEGÓ DAVID A PEDIR ESTO?
Dice que «encontró esta oración en su corazón».
Nos dice que la encontró; esto significa que la había buscado. Los que
oran al azar nunca serán aceptados. Debemos buscar cuidadosamente
nuestras oraciones (Job 13:3).
En su corazón. No en un libro, no en su memoria, no en su cabeza, ni en
su imaginación, ni tan solamente en su lengua (Sal. 84:2).
Esto demuestra que tenía un corazón para Dios, sabía dónde estaba, podía
mirar a El y a veces lo escudriñaba (Salmo 66:18).
Debía tener un corazón vivo, de otro modo no habría encontrado una
oración viva en él. Debía tener un corazón creyente, de otro modo no
habría encontrado esta oración en su corazón.
Debía tener un corazón serio, no petulante, olvidadizo, frío, indiferente; de
otro modo habría encontrado un millar de vanidades en él, pero no una
oración. Preguntaos: ¿Qué clase de oración encontraríais en vuestro
corazón en este momento? (Oseas 7:11).

II. ¿CÓMO VINO A ESTAR ESTA ORACIÓN EN SU CORAZÓN?
1. El mismo Espíritu del Señor le instruyó acerca de cómo orar. Dándole un sentimiento de la necesidad. Las grandes bendiciones nos enseñan nuestra necesidad tal como ocurrió con David.
2. El Señor le inclinó a orar.
Ha sido dicho que una promesa absoluta haría innecesaria la oración;
mientras que la primera influencia de una tal promesa es sugerir oración.
El Señor inclinó el corazón de David: Calentándolo. La oración no sale de
un pozo helado.
III. ¿CÓMO PODÉIS ENCONTRAR ORACION EN VUESTROS CORAZONES?
Mirad en el interior de vuestro corazón y escudriñadlo inteligentemente.
Pensad en vuestras necesidades, y esto os sugerirá peticiones.
Pensad en vuestras tentaciones, y esto os humillará a clamar al Señor.
Pensad en las promesas, los preceptos y las doctrinas de la verdad, y cada
una de estas cosas os pondrán de rodillas. Tened a Cristo en vuestro
corazón, y seguirá la oración (Hech. 9:11).
Vivid cerca de Dios, y le hablaréis a menudo.
¿Encontráis oraciones y otras cosas santas en vuestro corazón? 0 ¿está
lleno de vanidad, mundanalidad y ambición e impiedad?
Recordad que lo que es vuestro corazón sois vosotros (Proverbios 23:7).
«Una gran parte de mi tiempo --dice Me. Cheyne- es empleado en poner mi corazón a tono para la oración»
No es un membrete dorado y una letra impecable lo que hace que una petición prevalezca cerca de un rey, sino el sentido de ella. El rey a quien nosotros nos dirigimos discierne el corazón, y es el sentido lo que El mira tan sólo; El escucha para oír, y entiende lo que no decimos. Todas las otras excelencias de la oración no son sino la forma y lo externo de ella; esto es, su sustancia y su vida. - Leighton.
Pregunté a una amiga joven: «¿Oraba usted antes de ser convertida?» Ella me respondió que lo hacía de cierto modo. Entonces pregunté: «¿Cuál es la diferencia entre sus actuales oraciones y las que hacía antes de conocer al Señor?» Su respuesta fue: «Entonces yo recitaba mis oraciones, pero ahora las expreso. Entonces yo decía las oraciones que otras personas me habían enseñado, pero ahora las encuentro en mi corazón.»
Hay una buena razón para clamar «¡Eureka!» cuando encontramos una oración en nuestro
corazón. El santo varón de Dios, Bradford, dice que nunca cesaba de orar y alabar hasta que su corazón estaba enteramente entregado a este santo ejercicio. Si no es mi corazón el que ora,tengo que orar hasta que lo sea, pero ¡oh qué delicia es lograr a Dios cuando el corazón lanza poderosos chorros de súplica, como un volcán en actividad! ¡Cuán poderosa es la súplica cuando toda el alma se hace un expectante deseo, vivo y poderoso!
Recordad que Dios no respeta la aritmética de nuestras oraciones, ni cuántas son; ni la retórica de ellas, o sea su extensión; ni la música de ellas, o sea su melifluidad, sino la divinidad de nuestras oraciones; si salen de nuestro corazón, inspiradas por el Espíritu Santo, no son los dones sino las gracias lo que prevalece en nuestra oración.

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