En el año 1971 en la Universidad de Stanford se desarrolló un polémico experimento: 24 estudiantes se ofrecieron como voluntarios y se convirtieron en reclusos y guardias de una cárcel ficticia. Probablemente Zimbardo, director del proyecto, estaba motivado por develar y quizás solucionar la violencia humana pero los problemas en su diseño experimental comenzaron a despuntar en la misma medida en que los sujetos del experimento olvidaban que todo era una simple simulación: los guardias comenzaban a manifestar comportamientos sádicos mientras que los reclusos perdían su voluntad.
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