No cabe duda que Kiki es una buena persona, pero muy mala Tarántula. Ahora no dejo de pensar que dentro de poco, tendré que hacerle papillas y darle de comer en el hocico. Y es que todas las mascotas que me han acompañado a lo largo de mi vida, siempre han terminado gobernando. Me han tomado por esclavo, y sólo vivo para mantenerlos. Simona (mi perrita) me exige largos paseos en auto (sino tuviera auto, seguramente ya me hubiera morido en la yugular) y Kiki, ya no quiere comer ratones ni grillos. La muy cabrona me está insinuando que le sirva caviar. Tan sólo de pensar en ello, mis testículos se me van hinchando progresivamente.
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