El Láscar está vivo, solo en medio de su aparente calma osamos hacernos de su cumbre, el camino que lleva a sus pies es muy hermoso y atrayente, como una especie de valle perdido en el tiempo, escondido y resguardado de todo, laguna lejía, cerro corona, el cerro simbad y el pili son algunos compañeros inseparables del Lascar en esta tierra desolada, quien de cuando en cuando, despierta y entrega al paisaje parte de su furia contenida, y su gran fumarola es visible hasta San Pedro de Atacama.
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