Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.
bellisimo!! como escribe,como siente, Grande Eduardo!!
dchio11 2 months ago
gracias por ayudarnos a mantener el fuego del alma y ojala podamos ayudar a pasar la antorcha y hacer crecer el mar de fueguitos
elsacarballo 6 months ago
Eduardo I el grande
pirindao 8 months ago
¡Excelente! Había leido este cuentito, pero contado por el propio Galeano, deja expuesta, más claramente, esencia del contenido del mismo.
Cheequeto 11 months ago
GRANDE MAESTRO,QUE MANERA ESPECIAL DE ESCRIBIR...
donacade 1 year ago
Excelente!!!!!!!! Me encantó!! :D
Blima01 1 year ago