Cuando iba Jesucristo
anunciando su mensaje,
un Romano Centurión
a El se acercó en la calle.
Con fuerza, pero con calma,
le pidió que a su asistente,
el cual de el dependía,
lo salvara de la muerte.
El Maestro preguntó
las señas donde vivía,
para pasarse después
cuando terminara el día.
Pero aquel Romano, al punto,
le dijo: No es necesario;
di desde aquí que se cure
y surgirá Tu milagro.
Jesús se quedó pasmado,
al sentir su Fe imponente
y con sonrisa le dijo_
De acuerdo, ya es suficiente.
El Centurión se marcho
tranquilo, porque sabía
que lo que decía Jesús
al momento se cumplía.
Que hombre tan bueno fue Cristo.
Que normal, sencillo y grande.
Que ejemplo sus vestiduras.
sin bolsa, lujos y fraudes.
Y analizando este trozo
de la historia del Mesías,
si ahora estuviera en un mitin
millones lo seguirían.
Porque a parte de salvar
de las desgracias y golpes,
lo que proclama es, seguro,
lo que el pueblo pide a voces.
Que solo coma el que rinda.
Que a la mujer no se tire.
Que al enfermo se le ayude.
Que a los niños se les mime.
Que se abandonen las luchas.
Que a arrepentidos se salven.
Que todos somos iguales.
Que no se haga daño a nadie.
Cuando el Centurión llego
a su Casa, con su gente,
el asistente en su puerta
estaba firme y pudiente.
Jesús De Torres Cabezudo
España, Alicante. a 4 de Julio de 2008
Muy bien narrado ,me gusto por forma de hablar con mucha calidez
Un abrazo
Erich
erichelpoeta 1 year ago