Hoy quiero confesarme. Porque la vida da cien mil vueltas en un solo fragmento de segundo. Y las personas que aprecias sin saber como hacen que te sientas bien en todos los estados de la vida. Pero me temo que esta vez no tengo solución.
Muchas veces, he intentado que el positivismo embargue mi vida. Repetirme una y mil veces Lucía tú puedes. Pero los límites alcanzan estados insospechados. Y mi paciencia se agota.
Echo la vista atrás, en estos años de soledad, y me doy cuenta de mil y un defectos. Algunos de los cuales me hacen la mujer que soy hoy. No me arrepiento de nada. Aunque tampoco puedo evitar acordarme de toda aquella gente que apostó por mi.
Rendición. Me siento sola. Y quizá este sea el mejor momento para admitirlo. Antes era genial poder gritar a los cuatro vientos que la soledad era mi aliada. Que me encantaba la soledad. Pero en momentos como estos, ya no puedo mas.
Desde la ventana, los últimos esfuerzos de este enero que se nos va, y que quedará en la memoria de muchas personas que lo habrán vivido de formas distintas.
Tomar decisiones. Porque de eso trata la vida. No puedes querer comerte el mundo sin ser responsable. Porque el mundo puede arrastrarte con él. Yo hace años que dejé de saborear la vida. Y mi reclusión en mi jaula de oro fue conmigo el detonante para un deterioro posterior. Desembocando en el día de hoy.
Ahora ni tan siquiera llorar puede hacer que me sienta mejor. Ni por un instante puedo lograr que salgan las lágrimas. En este cuerpo frío y esquelético. Apenas pienso qué me deparará este febrero, que emerge en el calendario con aires de protagonismo superior.
Pero todo tiene un fin. Los meses, los años, la vida.
En ocasiones como esta, en días aparentemente soleados en el exterior pero nublados en mi mente, desearía tanto disponer de un botón para apagar el sistema y quizás no volver a reiniciarlo jamás.
All Comments