Mírame, soy la sombra de lo que era, un pasado que no existe, una luz que no ves.
Y descubrir, que apenas vivo, porque no he podido dejar de respirar...
Mis pies ya cansados del largo camino, de ídolos rotos, de falsas promesas que se han consumido mis esperanzas.
Si la cobardía es la diferencia, entre la vida y la muerte, entre tormenta y calma, yo solo te pido escuches mi voz...
Ven de noche cuando no exista la luz, y despacio pósate justo a mi lado, y sutil como la brisa roba el halito de vida, mientras mi inconsciencia grita: Llévame...
No tengo nada que perder, no tengo nada.
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