Es cotidiano padecer en el Metro de la Ciudad de México la contaminación auditiva que provocan los vendedores de discos piratas de música y de películas. Estos vagoneros, que integran verdaderas mafias corruptas y corruptoras, irrumpen todos los días en los vagones para vender su mercancía ilegal con la complicidad de una autoridad igualmente corrupta.
La estrategia de venta ya es por todos conocida: apenas entran al vagón y encienden un reproductor de audio que han conectado a bocinas adaptadas en mochilas. Otros más rudimentarios le quitan la bocina a su estéreo casero y la meten en la mochila, le haces unos agujeros y listo.
El problema es múltiple: primero, no está permitido el comercio ambulante dentro de las estaciones del Metro; segundo, venden mercancía ilegal (no sólo discos compactos, sino también golosinas caducas, o baratijas); tercero, causan diversas molestias a los usuarios, y también provocan un daño a la salud porque todos, sin excepción, ponen la música a todo volumen, en un espacio cerrado, saturado de personas.
Podrán argumentar algunos que esas personas no tienen otra opción de empleo, pero se equivocan. Son mafias. Cualquier otra persona que no tenga empleo, no tiene posibilidades de vender en los andenes y vagones del Metro porque se lo impiden los líderes y los demás vagoneros a punta de golpizas y robarle su mercancía. Simple y sencillamente es una red de delincuentes coludidos con las autoridades corruptas.
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