El vino a buscar y a salvar, pero su mayor preocupación no fueron las personas aparentemente buenas y dignas, sino
"lo que se había perdido".
Jesús trató con cuantas personas se le acercaron, sin importarle la reputación que tenían. Su afán era salvarlos.
El amor no acepta exclusividad religiosa.
A la mujer que habló junto al pozo de Jacob le expresó enfáticamente: "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en Gerazim ni en Jerusalén adoraréis al Padre... La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad". En otra ocasión dijo: "Vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa del Reino de Dios".
Entiende claramente que "aunque hablara lenguas de ángeles... y tuviese profecía y entendiese todos los misterios de la ciencia, y tuviese fe como para trasladar montañas... y repartiese todos sus bienes para dar de comer a los pobres... y entregase su cuerpo para ser quemado, y no tiene amor, nada es... de nada le sirve"
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